GRACIAS. NAVALUENGA NUNCA OLVIDARÁ LO QUE HABÉIS HECHO POR NUESTRO PUEBLO

Hay momentos en la vida de un pueblo que quedan grabados para siempre en su memoria colectiva. Días en los que se pone a prueba la fortaleza de una comunidad y en los que aflora lo mejor del ser humano. El incendio que ha golpeado a Navaluenga nos ha dejado una profunda herida en nuestra sierra y en nuestro corazón, pero también nos ha demostrado que, cuando un pueblo lo necesita, miles de personas son capaces de dejarlo todo para acudir en su ayuda.

Hoy queremos decir, sencillamente, gracias.

Gracias a todos los hombres y mujeres que han luchado contra este incendio con una entrega que difícilmente podremos olvidar. Gracias a quienes han combatido las llamas desde el aire y desde tierra, a quienes han trabajado durante interminables jornadas, de día y de noche, sin importar el cansancio, el calor o el riesgo. Gracias a quienes han protegido nuestras viviendas, nuestro patrimonio natural y, sobre todo, a nuestra gente.

Nuestro agradecimiento se dirige a la Unidad Militar de Emergencias (UME), cuyo despliegue, disciplina, profesionalidad y capacidad de trabajo han vuelto a demostrar por qué constituye uno de los mayores orgullos de nuestro país.

Gracias al extraordinario operativo de la Junta de Castilla y León, al personal del Operativo INFOCAL, a los agentes medioambientales, técnicos, ingenieros forestales, retenes, cuadrillas helitransportadas, autobombas y medios aéreos que han trabajado sin descanso durante todos estos días.

Queremos agradecer de forma muy especial al director de extinción de incendios de la Junta de Castilla y León, Pablo, cuya dirección técnica y capacidad para coordinar un operativo de semejante magnitud han sido sencillamente impresionantes.

Nuestro reconocimiento al presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, que ha estado presente todos los días, siguiendo la evolución del incendio y apoyando sobre el terreno el dispositivo de extinción. Del mismo modo, queremos agradecer la implicación constante del Delegado Territorial de la Junta en Ávila, José Francisco Hernández Herrero; de la consejera de Medio Ambiente, María González Corral; de la Jefa del Servicio Territorial de Medio Ambiente en Ávila, Rosa San Segundo, y de tantos responsables de la Junta que han estado volcados desde el primer momento.

Queremos agradecer igualmente la implicación del Delegado del Gobierno y del Subdelegado del Gobierno, así como la coordinación permanente entre todas las administraciones para que ningún recurso dejara de llegar cuando era necesario.

Nuestro agradecimiento también a la Diputación Provincial de Ávila y, de manera muy especial, a su presidente, Carlos García. El incendio le sorprendió a muchos kilómetros de Navaluenga y no dudó ni un solo instante, interrumpir su viaje, desplazándose de inmediato a nuestro municipio para ponerse al frente de todo aquello en lo que la Diputación podía ayudar. Desde el primer momento puso a disposición de Navaluenga todos los recursos materiales y humanos de la institución provincial, permaneciendo sobre el terreno, coordinando, apoyando y preocupándose personalmente por la evolución de una situación tan dramática. Ese gesto dice mucho de una persona y de una forma de entender el servicio público.

Junto a él queremos reconocer también la labor del vicepresidente de la Diputación, Jesús Martín, así como la de todos los diputados provinciales que, durante estos días, han pasado por Navaluenga para interesarse por la situación, ofrecer su ayuda y ponerse a disposición del Ayuntamiento y de nuestros vecinos para cuanto hiciera falta. Han estado, literalmente, al pie del cañón, demostrando que la política también se hace estando cerca de las personas cuando más lo necesitan.

Del mismo modo, queremos agradecer la extraordinaria solidaridad demostrada por tantos alcaldes y alcaldesas de municipios vecinos. Desde el primer momento ofrecieron maquinaria, vehículos, personal, material, instalaciones y cuantos recursos estaban a su alcance para ayudar a Navaluenga. Sería imposible nombrarlos a todos sin correr el riesgo de cometer la injusticia de olvidar a alguno, porque todos han estado a la altura de las circunstancias.

Pero, precisamente por ese riesgo de no poder citar a todos, sería igualmente injusto no hacer una mención muy especial a Lorenzo Herranz, alcalde de Navalmoral de la Sierra. Su entrega ha sido sencillamente ejemplar. Se ha multiplicado. No ha parado ni un solo instante durante todos estos días. Con su propio vehículo, con un remolque equipado con un depósito de agua y una bomba, ha recorrido una y otra vez los caminos de nuestra sierra, trasladando personal, llevando agua y acudiendo allí donde más falta hacía. Lo ha hecho sin buscar protagonismo, con la naturalidad de quien entiende que ayudar al pueblo vecino es, simplemente, hacer lo correcto. Y cuando le dábamos las gracias, siempre respondía lo mismo: «Si las circunstancias hubieran sido al revés, estoy seguro de que Navaluenga habría hecho exactamente lo mismo por nosotros.» Esa frase resume a la perfección el espíritu de solidaridad que ha presidido estos días y la grandeza de las personas que la pronuncian.

Grande, Lorenzo. Porque tu ejemplo representa el de tantos alcaldes, concejales y vecinos de otros municipios que han sentido este incendio como si hubiera sido el suyo propio y que han demostrado que, cuando uno de nuestros pueblos sufre, toda esta tierra responde unida.

Queremos reconocer igualmente el extraordinario trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Guardia Civil, Policía Nacional allí donde ha sido requerida y, muy especialmente, a la Policía Local del Ayuntamiento de Ávila, con su jefe, Carlos Blanco, al frente, cuya colaboración ha sido permanente desde el primer momento.

Nuestro reconocimiento también para todas las dotaciones de bomberos que han participado en este enorme operativo. Sería imposible nombrarlas a todas, pero queremos hacer una mención especial al Servicio de Extinción de Incendios del Ayuntamiento de Ávila, con Alberto Pato al frente, por su profesionalidad, cercanía y absoluta disponibilidad durante los días más complicados.

Pero si hay un colectivo que representa el alma de un pueblo solidario, ese es nuestra Agrupación de Voluntarios de Protección Civil de Navaluenga. Para nosotros, sin ningún género de dudas, es la mejor agrupación de voluntarios de Protección Civil de España. La nuestra. La de Navaluenga. Gracias a todos y cada uno de sus integrantes y, de manera muy especial, a su jefe, David Meneses, que prácticamente no ha descansado un solo minuto desde que comenzó esta emergencia. Su capacidad de organización, su liderazgo y su entrega absoluta han sido un ejemplo para todos. Junto a ellos queremos agradecer la ayuda de las numerosas agrupaciones de Protección Civil llegadas desde tantos municipios, que acudieron de forma inmediata para ayudarnos cuando más lo necesitábamos.

Nuestro reconocimiento también a los cientos de voluntarios anónimos que, sin pedir nada a cambio, ofrecieron su tiempo, su esfuerzo, sus vehículos, sus herramientas y, sobre todo, su corazón. Personas que aparecieron simplemente porque entendieron que Navaluenga necesitaba ayuda.

Aquí queremos hacer una mención muy especial a nuestra gente. A los vecinos y vecinas de Navaluenga. A quienes han luchado por lo suyo, por lo de sus familiares, por lo de sus amigos y también por lo de personas a las que quizá ni siquiera conocían. Porque cuando un pueblo atraviesa una tragedia como esta, desaparecen las diferencias y todos entendemos que, al final, todo es Navaluenga.

Y, de manera muy especial, queremos reconocer el comportamiento ejemplar de nuestros jóvenes. Han demostrado una madurez, una responsabilidad y un compromiso que nos llenan de orgullo. Han luchado por su pueblo como auténticos jabatos, con un arrojo admirable, sin mirar el reloj, sin preguntar a quién ayudaban y con el único objetivo de proteger aquello que sienten como suyo. Han estado donde hacía falta, arrimando el hombro, colaborando en todo lo que se les ha requerido y dando una auténtica lección de solidaridad y amor por Navaluenga. En los momentos más difíciles han demostrado que el futuro de este pueblo está en muy buenas manos. Si alguien tenía alguna duda de la extraordinaria calidad humana de nuestra juventud, estos días la han despejado para siempre.

Queremos agradecer de forma muy especial la inmensa ola de solidaridad que ha recorrido toda España. Las innumerables muestras de cariño, los mensajes de apoyo, las llamadas de ánimo, las donaciones y la colaboración desinteresada de tantas personas, asociaciones, colectivos y empresas que han querido aportar su granito de arena.

Gracias a nuestro comercio local, a nuestros hosteleros, empresarios y autónomos, que, incluso atravesando momentos muy complicados, no dudaron en ofrecer aquello que hacía falta. Una vez más demostraron que el corazón de Navaluenga también late en sus negocios.

Y queremos detenernos especialmente en dos personas cuya labor ha sido sencillamente extraordinaria: Emma y Fernando. Ellos han asumido una tarea inmensa y silenciosa, coordinando la recepción, clasificación y distribución de recursos para garantizar el abastecimiento de todos los operativos: UME, Junta de Castilla y León, Diputación, fuerzas de seguridad, voluntarios y cuantos trabajaban sobre el terreno. Han sido muchas horas de esfuerzo, de llamadas, de organización y de resolver problemas sin descanso. Su trabajo, muchas veces invisible para la mayoría, ha resultado absolutamente imprescindible.

Nuestro agradecimiento también a World Central Kitchen, que una vez más ha demostrado que la solidaridad no entiende de fronteras, y a Barro, junto a todo su extraordinario equipo humano, que ha trabajado con una generosidad admirable para que nunca faltara comida a quienes estaban luchando contra el fuego. Siempre con una sonrisa, siempre con amabilidad, siempre pensando antes en los demás que en ellos mismos. Su ejemplo permanecerá para siempre en la memoria de Navaluenga.

Y gracias, cómo no, a nuestros vecinos. A quienes abrieron sus casas, compartieron lo que tenían, ayudaron a sus vecinos, acogieron a quien lo necesitaba y demostraron que la palabra pueblo sigue teniendo aquí el significado más hermoso posible.

Cuando uno empieza a escribir un agradecimiento como este aparece un enorme miedo: el de ser injusto dejando a alguien sin nombrar. Porque han sido tantos los que han ayudado, tantas las personas que se han desvivido por Navaluenga, que resulta prácticamente imposible mencionarlas a todas. Por eso pedimos disculpas de antemano si algún nombre no aparece en estas líneas. La ausencia nunca será falta de reconocimiento, sino consecuencia de la inmensidad del operativo y de la extraordinaria respuesta humana que hemos recibido.

Lo verdaderamente importante es que, durante estos días, todos hemos remado en la misma dirección. Instituciones, administraciones, profesionales, voluntarios, empresas y ciudadanos han demostrado que cuando la situación lo exige no existen colores, cargos ni diferencias. Solo existe un objetivo: ayudar.

Ahora el fuego parece extinguirse. Las llamas se apagan poco a poco. Pero aún queda otro incendio por apagar: el de las consecuencias que deja tras de sí. Ese incendio será más lento, más largo y quizá más silencioso. Tendremos que recuperar nuestra sierra, reactivar nuestra economía, apoyar a nuestras empresas, cuidar de nuestro entorno y levantar el ánimo de quienes hoy miran nuestras montañas con tristeza.

Y esa tarea ya nos corresponde a nosotros.

A los vecinos de Navaluenga.

Estamos convencidos de que lo conseguiremos. Igual que las llamas han ido desapareciendo poco a poco, también desaparecerán, con trabajo, unión y esperanza, los efectos de esta tragedia.

Porque si algo hemos aprendido durante estos días es que Navaluenga nunca se rinde.

Nos vamos a levantar. Desde hoy. Desde ahora. Y lo haremos, como siempre, juntos.

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