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Una aldea medieval

Ejemplo de esta cultura son los famosos Toros de Guisando de El Tiemblo, y los berracos, hoy desaparecidos, de El Barraco y San Juan de la Nava . Otros restos arqueológicos anteriores a la Edad de Hierro hallados en Navaluenga nos ilustran sobre la presencia de pequeñas poblaciones asentadas en la localidad. Es el caso de las dos hachas votivas encontradas en el paraje denominado “El Amejil” posiblemente de la época Calcolítica-Bronce Final.
Tras la caída del imperio romano se asienta en Navaluenga una pequeña comunidad visigoda que urbaniza, quizás por primera vez, Navaluenga. Es a partir del siglo XI, cuando la línea defensiva castellana sobrepasa el Tajo, cuando podemos hablar de una política de repoblación favorecida por los monarcas castellanos y de un poblamiento estable en Navaluenga. Esta primitiva aldea nacida junto a su iglesia románica, no llegó a considerarse una aldea granada en los documentos eclesiásticos del siglo XII, pero si tenía la suficiente entidad para quedar reflejada como lugar y pagar sus diezmos y primicias a la Abadía de Nuestra Señora del Fondo de Burgohondo.
Esta incipiente aldea formada por un grupo de casas provistas de corral exterior agrupadas en manzanas y distribuidas en varias calles radiales a la plaza, aparece en el deslinde entre los concejos de Ávila y Segovia otorgado Rey Alfonso VII, en 1172.

Es a mediados del siglos XIII cuando se comienza a edificar en Navaluenga la primitiva ermita del pueblo en un estilo románico tardío o de transición al gótico, consolidándose así su identidad como pueblo estable y dejando de ser una aldea de paso. Una de las primeras obras civiles del concejo de Burgohondo fue la construcción en el siglo XVI del puente de trazas medievales de Navaluenga, importante fuente de ingresos debido al cobro del portazgo y la construcción de los cillos municipales para almacenar el grano, edificándose uno en cada pueblo.
Una aldea medieval
A orillas del río Alberche en el claro más fértil de la vega, provista de leña abundante, caza y ricos pastos pronto es objetivo de la nobleza. D. Pedro Dávila, Señor de Villafranca y Las Navas se asienta en estas tierras ocupando tierras de labor, linares y varios molinos harineros en la zona denominada San Millán.

Posteriormente es Juan Gómez Rengifo, señor de Almanza quién ocupa las dehesas de Venero Claro y dos molinos harineros.

Son constantes los pleitos emprendidos en tiempos de los Reyes Católicos para buscar la justicia del Rey, encargando los monarcas a D. Álvaro de Santistevan la investigación de los hechos que tantos aldeanos denunciaban.

De aquella aldea medieval perdura la distribución de sus calles con clara resonancia de los oficios que en ellas se realizaban, calle de la Fragua junto al arroyo del Chorrerón, en esta rúa perdura una antigua fragua de grandes dimensiones. Calle de la Tenería, perteneciente al barrio judío, curtidores, peleteros, tintadores, pastores de origen sefardita nutrían esta calle.

Cuesta del Hospital, posiblemente la Real Colegiata Abadía de Nuestra Señora de la Asunción entre sus obras pías destinara a Navaluenga la construcción de una casa para enfermos pobres, construcción de la que sólo ha quedado el nombre y es posible que un pequeño escudo que lucía el dintel de una casa próxima a ésta calle.

Nombres que evocan un pasado de clara impronta religiosa – Calle herrén de la Virgen, Cruz del Pradillo ( humilladero que estuvo situado a la salida del pueblo), Cruz del Arenal ( humilladero que estuvo situado al inicio del pueblo), Calle de la Concepción ( en honor a la ermita situada junto al puente románico titulada a la Concepción de María).

Otros lugares desvelan en Navaluenga la presencia de antiguos asentamientos humanos como son los parajes de San Millán aldea que fue collación del Concejo de Burgohondo, Cerrillo de San Marcos ( aldea de origen visigodo), San Bartolomé ( no quedan restos de la ermita que llevó su nombre), Santo Ciervo ( posiblemente este topónimo sea una deformación de la palabra Santo ), El Pimpollar ( donde a mediados del siglo pasado se encontraron varias tumbas de lajas), y otros muchos que serán objeto de futuras investigaciones .

El Catastro del Marques de la Ensenada señala las actividades cotidianas llevadas a cabo en Navaluenga en 1750, cuarenta y cinco años antes de la desaparición de la Abadía de Burgohondo, a la que había pertenecido desde el año 1275.
“Para el trabajo de campo y el consumo doméstico contaba con 56 bueyes de labor, 40 caballerías y 24 jumentos, 175 cabezas de ganado vacuno, 1.026 ovejas, 1109 cabras, 182 cerdos y 200 colmenas. Tenía: 206 casas, 1 carnicería, 1 horno de tejas, 1 taberna y albacería, 1 mesón, 4 molinos harineros en el río y una escribanía. Las tareas agrícolas y artesanales las realizaban un total de 126 trabajadores, 56 labradores, 52 jornaleros, 1 maestro albañil, 6 tejedores de lienzo, 2 herreros, 2 taconeros, 2 maestros horneros con 2 aprendices y 3 pescadores. Los precios de los jornales oscilan entre 2 reales, 17 maravedíes que cobraban los jornaleros y los 5 reales que percibían los maestros de oficios”.
Navaluenga pertenece a este Concejo hasta la desamortización de Mendizábal, apareciendo como lugar con Ayuntamiento desde 1837, habiéndose construido su edificio como cárcel para el valle en 1781 y atribuyéndose a Juan de Villanueva el proyecto de obra y el diseño de los planos.

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