CENTRO CULTURAL NAVALUENGA

 

Si te gusta leer y quieres profundizar de una forma diferente sobre lo leído, puedes animarte a formar parte del Club de Lectura Navaluenga. Amplía la información en el Centro Cultural o contacta directamente con la Concejal de Cultura del Ayuntamiento, Almudena Fernández, en el teléfono 661538435. 

ARTÍCULOS

 

LEYENDAS Y COSTUMBRES DEL DÍA DE TODOS LOS SANTOS.

 

El recuerdo de los seres queridos fallecidos y ayudar a las Ánimas del Purgatorio con misas y plegarias configuraban la tradición del Día de todos Los Santos. En varios documentos eclesiásticos de los siglos XVII y XVIII procedentes de la iglesia parroquial de Navaluenga, se hace referencia al cumplimiento, después del fallecimiento de algún familiar, de destinar algunas rentas en misas y novenas para cumplir con las «obligaciones» del fallecido.

En el libro de fábrica de la parroquia (1771-1855) se cita que el 9 de marzo de 1786, se visita el libro de rentas y limosnas de Ánimas. Este libro refleja la recogida de limosnas para sufragar las misas por las almas de los files difuntos con la intención de minimizar, en lo posible, su paso por el Purgatorio. También se anotaban las rentas obtenidas con los bienes dejados, en el testamento, para misas y novenas.

De forma muy clara queda reflejado en la inscripción del muro del arco de la epístola frente a la sacristía: “Juan Villarejo dejó una capellanía en esta igl(es)i(a) para q(u)e (e)n este altar se digan dos misas cada semana, la una los lunes, de requien por las ánimas de (é)l y de su muger y de sus defuntos, y la otra el sábado de N(ues)tra S(eñor)a, por la misma intención…y para esto dejaron sus vienes. Año 1550 (J. A. Clavo Gómez).

En la actualidad, las tumbas del interior de la iglesia están tapadas por el entarimado del suelo del templo, por lo que ha desaparecido la costumbre de instalar los paños de sepultura en las tumbas de familiares. Cada familia ocupaba un espacio concreto del templo donde se situaba la sepultura de un familiar. En ésta colocaban el paño de sepultura o de luto donde se depositaba una palmatoria o tablilla con cera hilada que permanecía encendida durante las misas y oficios religiosos. Cuando existía una ofrenda de mantener encendida una luminaria durante un año, desde el fallecimiento del familiar, este paño recibía el nombre de «añero».

Antaño, asistir a los actos litúrgicos de la festividad de todos los Santos era obligado en Navaluenga. Dias antes los familiares limpiaban las sepulturas, colocaban velas y luminarias y preparaban los ramos de flores. Durante todo el día era constante la visita al cementerio, un punto de encuentro entre las familias que recordaban a sus seres queridos.

Al finalizar los actos religiosos los feligreses regresaban a sus casas para llenar los cántaros de agua que depositaban en el exterior de la vivienda para que esa noche las Ánimas del Purgatorio aplacaran su sed. Durante la noche nadie salía a la calle y se encendían velas y luminarias en el interior de las casas para recordar a los familiares difuntos y ayudarles a encontrar la luz de la salvación.

Ganaderos y agricultores regresaban a sus hogares antes de la caída del sol temiendo el encuentro de la Procesión de Ánimas, que según la leyenda vagaban en fila, en silencio, por las calles del municipio, partiendo de la puerta de poniente del templo parroquial para adentrarse por los caminos antes de regresar, rayando el alba, al osario de la parroquia. El muro de este osario fue restaurado en varias ocasiones durante el siglo XVIII por hallarse en ruinas. Actualmente no existe este osario.

Esta Procesión de ánimas tiene cierto paralelismo con la tradición gallega de la Santa Compaña, esa procesión fantasmal de ánimas vestidas de blanco que portan una vela o un candil y precedidos por la silueta humana de un mortal, recientemente fallecido. En el caso de Navaluenga las ánimas recorren las calles del pueblo en silencio, un silencio únicamente roto por el tañir de las campanas. Según la tradición las ánimas solo paraban para beber de los cántaros dejados a la puerta de las casas.

 

Algunos arrieros aseguraban haber visto esta fantasmal procesión por algunos montes próximos al pueblo al caerles la noche en el camino y recordaban que esa noche, en las posadas y ventas, no les cobraban por dormir y sólo pagaban la cena.

Los quintos del pueblo subían al campanario de la iglesia con gran cantidad de castañas asadas y al toque de difuntos daban lastimosos gritos: » las Ánimas Benditas del Purgatorio» durante toda la noche, mientras al amor de la lumbre, toda la familia rezaba el Rosario y los abuelos recordaban a los seres queridos fallecidos y contaban leyendas del día de Todos los Santos.

Los pueblos de origen celta creían que con la llegada del Samhain, que algunos autores interpretan como el fin del verano o fin de la cosecha, la línea entre el mundo de los vivos y el de los muertos se estrechaba y los espíritus podían pasar a través de ella. De esta creencia perduran las Mascaradas de invierno que ahuyentaba a los malos espíritus.

Estas celebraciones de origen pagano tenían lugar a primeros de noviembre en memoria de los antepasados. En el mundo romano las ánimas se identificaban con Los Manes, que junto con los dioses Lares y Penates, eran los protectors del hogar.

Los Manes, se identificaban como las almas de los familiares, debido al temor, que en algunas ocasiones se les tenía, le otorgaban el nombre de “Manes=buenos. Durante estos días se ofrecía comida a los fallecidos de forma parecida a la festividad del Día de los Muertos que se celebra en México.


LAS CASTAÑAS Y LA FESTIVIDAD DEL DÍA DE TODOS LOS SANTOS.

Típico de estas fechas es la degustación de dulces como los huesillos de Santos y los buñuelos de viento, pero son, sin duda, las castañas asadas las que enlazan de nuevo con la tradición.

Cementerio Municipal de Navaluenga, centra el encuentro entre las familias y el recuerdo de sus seres queridos.

 

 

Alrededor de la lumbre la familia se reunía para disfrutar de las castañas asadas o “calbotes” mientras se recordaban historias y costumbres de Navaluenga. Algunas personas aún recuerdan como se recogían 4.000 kilos, aproximadante, de castañas en el Castañar de la Pedriza. Los propietarios encargaban a un grupo de jóvenes, normalmente seis, la recogida de las castañas, que se prolongaba desde primeros de octubre hasta el 1 de noviembre.

El consumo de castañas es una tradición que persiste en la celebración del Dia de Todos los Santos. Esta era la formula más tradicional de cocinarlas. A la luz del candil se ponía la trébede al fuego, un soporte de hierro con tres patas que se utilizaba para cocinar en la lumbre, y sobre ella una sartén vieja o una lata agujereada donde se depositaban las castañas con una pequeña hendidura en el costado, para impedir que se rompieran al asarlas, a las que había que dar la vuelta de vez en cuando.

Otra variedad eran las castañas cocidas en un puchero de barro al amor de la lumbre, bien fijado con el calzo de hierro para impedir que los niños o animales dométicos derramaran las castañas por el suelo. A estas castañas también había que hacerlas un corte en el lateral con la navaja.

Las castañas asadas, también denominadas calbotes, son uno de los productos más consumidos durante estos días. Son muchos los pueblos de Ávila en los que se le celebra “La Calbotada” que ponía fin al tiempo de la cosecha, celebrando, entorno al fuego, la recolección de las castañas.

 

 

APUNTES SOBRE LA PRIMERA GUERRA CARLISTA EN NAVALUENGA.

 

Entre las historias que contaba mi abuela Felipa sobre nuestra familia, me llamó siempre la atención con el orgullo que se refería a que su abuelo Apolonio Jiménez había luchado en las guerras carlistas.

 

Una de las veces, revisando los Libros del Actas del Ayuntamiento, encontré en los últimos años del siglo XIX, una pequeña referencia a la solicitud de ayuda a la Excma. Diputación Provincial de Ávila para el arreglo de la fachada y techo del Ayuntamiento, que había sufrido muchos daños durante la primera guerra carlista (1833-1840).

 

Todo esto hizo despertar mi curiosidad sobre este conflicto bélico muy poco estudiado en la localidad. En el Correo Nacional, un periódico de tendencia liberal, se hace referencia, en un artículo publicado el domingo 25 de noviembre de 1838, a la desgraciada situación de la provincia de Ávila, donde se informa de un documento carlista firmado por el coronel Félix Gómez Calvente, que la zona del Alberche pasa a denominarse “línea militar de la Abadía del Alberche”.

 

En esta carta se insta a los justicias de los pueblos (alcaldes), informen sobre movimientos de tropas enemigas, especificando su dirección y fuerzas que la componen. Se impedirá que pasen informes y comunicaciones de partes oficiales y clandestinos de los pueblos de esta demarcación al enemigo y no se tomarán represalias, ni ajusticiamientos sin la autorización correspondiente. Este coronel establece su cuartel en Navarrevisca y El Barraco, en numerosas ocasiones

 

 

En el Eco del Comercio, se publicaba el 13 de agosto de 1838, esta interesante noticia “Cebreros, 8 de agosto…Ayer por la tarde se presentaron dos soldados de la Reina Gobernadora … que se han podido fugar con armas y uniformes desde Navaluenga, donde estaba “El Navarro” y Calvente con la infantería que antes estaban al mando de Blas García “El Perdiz” …El parte del pueblo (Navaluenga) vino anoche, diciendo ser 250 los rebeldes, todos infantes.”

 

En la Gaceta de Madrid, el 1 de diciembre de 1838, en la página 4, según se publica en el libro “Primera Guerra Carlista en el Valle del Tiétar (Ávila-Toledo)” de Francisco Javier Abad Martínez y José María González Muñoz, editado por la Sociedad de Estudios del Valle del Tiétar (SEVAT) en el año 2020, se menciona en la página 210 un hecho de armas muy curioso. “Ávila, 25 de noviembre de 1838…Las facciones de Felipe, Chaces y Palillos (bando carlista) fueron a tropezar aquella misma noche con la columna del coronel Campuzano en Burgohondo. Pasaron en la misma el río Alberche por un vado equivocado, habiendo sido esto causa que hubieran perecido muchos hombres y caballos. Dejaron también algunos de estos en el Puerto de Mijares, quedando reducido el número de los que huyeron a los tres cabecillas y unos 100 caballos”

 

En el Eco del Comercio, nuevamente se citan datos sobre la contienda en Navaluenga. El domingo, 20 de enero de 1839…”El Comandante General de la provincia de Ávila en comunicación de los días 11 y 15 del actual, participa que el subteniente del 4º batallón franco don Jorge Gutiérrez y el capitán del provincial de Córdoba don Lorenzo Alguacil, le avisan con fecha 10 de enero, desde Burgohondo, haber destrozado varios grupos de facciosos (carlistas), causando tres muertos y dos prisioneros; y cogiéndoles varias armas y ocho caballos”…”Que el mismo Lorenzo Alguacil le dice desde Navaluenga haber alcanzado y perseguido en la tarde del 14 a tres ladrones que estaban cometiendo robos en la inmediaciones de El Barraco, consiguiendo herir a uno de ellos y recoger dos caballos, las armas y efectos que habían robado, los cuales serán restituidos a sus dueños luego que justifiquen su pertenencia”.

 

Podemos ver que la alternancia en el Valle del Alberche entre las tropas del Reina Isabel y los cabecillas de las facciones carlistas son constantes entre los años 1837 y 1839.

 

En una de estas alternancias debieron producirse los daños en el edificio del Ayuntamiento, a los que se refiere el Libro de Actas.

 

Desde 1834 se estable la obligatoriedad por parte de los Ayuntamientos Constitucionales de formar, a petición de la Excma. Diputación de Ávila, las llamadas Milicias Urbanas entre los vecinos voluntarios del pueblo. Deben nombrarse oficiales entre los vecinos que demuestren claros valores y defensa de las leyes patrias y suministrarse armamento y munición. Esta milicia pasará a denominarse posteriormente Guardia Nacional y finalmente Milicia Nacional.

 

De 1835 existen informes en el Archivo Histórico Provincial de las visitas del gobernador civil de Ávila a los pueblos de la provincia y los informes al Comandante Militar de la Provincia, sobre la situación del pueblo y el concepto político que merecen.

 

En el libro “Primera Guerra Carlista en el Valle del Tiétar (Ávila-Toledo) al que antes me he referido. En las páginas 71 y 72 se transcribe el informe de la Alcaldía Mayor de Cebreros y su partido, fechado el 16 de agosto de 1835. En la relación de pueblos y su calificación política, el documento firmado por D. Manuel González no califica políticamente a Navaluenga. En la nota resumen de D. Pedro González, ya califica a Navaluenga en el concepto como “mediano por las personas que están al frente”. D. Luis Antonio Espinosa, se refiera a Navaluenga como “Malo”, en las observaciones dice…” El fiel de hechos, Corralejo, malísimo”, de El Barraco refiere en el concepto “Malo” y en observaciones menciona… “El cura y el boticario desafectos y el último comandante de exrealistas”.

 

Me viene a la cabeza, escribiendo este artículo, la aparición de forma casual de tres revólver del tipo inglés, propio de esta época histórica, que estaban escondidos entre los muros de una vivienda y dos pajares en la calle Plazuela del Pozo, hace más dos décadas.

 

Os animo a investigar más sobre estos hechos y la historia de Navaluenga. El libro al que me he referido, en varias ocasiones, podéis consultarlo en la biblioteca del Centro Cultural del pueblo, así como los periódicos liberales en la sala de ordenadores.